EL   MODERNISMO

 APROXIMACIÓN AL CONCEPTO

Movimiento estético que dejó una profunda huella en diversas disciplinas artísticas, y cuyo epicentro cronológico puede situarse en la última década del siglo XIX y en la primera del XX.

En el aspecto literario fue contemporáneo de diversas escuelas europeas (como los herederos del parnasianismo) pero su área de acción se centra básicamente en la obra de escritores – sobre todo poetas – en lengua castellana, con dos importantes manifestaciones más o menos paralelas en una precursora variante catalana y en la continuación que tuvo en las literaturas de habla portuguesa de de ambos lados del Atlántico.

En la cultura catalana, el “modernisme”  fue una saludable reacción contra el ya por entonces anacrónico romanticismo, y estuvo conformado por un entorno de músicos, artistas, plásticos y arquitectos.

Por lo que respecta a la creación en castellano, idioma que fue el principal vehículo de andadura y subsiguiente prestigio internacional del modernismo, es importante señalar que este movimiento marca un hito histórico en el área de difusión de la lengua, ya que con él se invierte en forma inédita hasta entonces la tendencia vigente desde los tiempos coloniales, en lo relativo a escuelas o estilos, según la cual todos ellos nacían en la metrópoli y eran luego imitados o adaptados a las diversas particularidades hispanoamericanas.  En efecto, no sólo el modernismo tiene su más depurada elaboración y su principal figura en la obra y la personalidad del nicaragüense Rubén Darío (cuyo libro Azul, publicado en Chile en 1888, es unánimemente considerado el texto fundacional del movimiento), sino que los restantes nombre protagónicos ligados a él serán igualmente poetas de América Latina, como es el caso del mexicano Amado Nervo, del argentino Leopoldo Lugones, del uruguayo Julio Herrera y Reissig, del peruano M. González Prada o del boliviano R. Jaimes Freyre.

Incluso los que se consideran precursores o teóricos de la estética modernista, son latinoamericanos, desde el lingüista A. Bello hasta el revolucionario cubano José Martí, pasando por poetas como M. Gutiérrez Nájera (México), J.A. Silva (Colombia), o por el ideólogo y ensayista uruguayo José Enrique Rodó.

En España, las novedades modernistas – aportadas por el propio Rubén Darío durante sus largas estancias en el país, suelen confundirse frecuentemente con la simultánea irrupción de la Generación del 98, pero es posible detectar su huella diferenciada en múltiples autores: S. Rueda, R. Pérez de Ayala, Antonio y Manuel Machado o J.R. Jiménez y sobre todo en la obra de Ramón del Valle Inclán.

(Extraído de “Diccionario de Literatura Universal”, Editorial Océano)

GENERALIDADES

En la concepción estética del modernismo, se percibe la influencia de dos movimientos franceses que se desarrollan en la segunda mitad del siglo XIX, el parnasianismo (Gautier y Leconte de Lisle), y el simbolismo (Baudelaire, Las Flores del mal;  Verlaine, Rimbeaud y Mallarmé).  Se siente también el influjo de E. Allan Poe y Oscar Wilde.

 

El aspecto quizá más interesante es la renovación estética, que logran guiados por un anhelo de belleza, esteticismo y musicalidad.  Lo consiguen gracias al mágico lenguaje que utilizan, sirviéndose de ilimitados recursos estilísticos:  metáforas, sinestesias, aliteraciones, eufonía, imágenes, referencias mitológicas, cultismos, artificios métricos, ritmo, etc.

 

Respecto a los temas, y refiriéndonos a Rubén Darío, hay una evolución desde sus primeros poemas, de índole más escapista, a los últimos, mucho más reflexivos.  En su obra se percibe el gusto por temas exóticos –ninfas, dioses, princesas, lagos, cisnes-, el amor y el erotismo-sensualismo, y en otro sentido un profundo interés por buscar sus raíces tanto americanas como hispánicas.

 

Estos rasgos formales y temáticos pueden verse en Azul, Prosas Profanas y Cantos de Vida y Esperanza.

El interés por la forma y por crear a partir de ella un mundo de exquisitas bellezas que rompiese con la vulgaridad y con la monotonía reinantes, fue tema de las aspiraciones del modernismo como lo ha señalado E. López Chavarri:

 

“El modernismo, en cuanto movimiento artístico, es una evolución y, en cierto modo, un renacimiento.

No es precisamente una reacción contra el naturalismo, sino contra el espíritu utilitario de la época, contra la brutal indiferencia de la vulgaridad.  Salir de un mundo en que todo lo absorbe el culto del vientre, buscar la emoción del arte que vivifique nuestros espíritus fatigados en la violenta lucha por la vida, restituir al sentimiento lo que le roba la ralea de egoístas que domina en todas partes..., eso representa el espíritu del modernismo.”

 

PERÍODOS  del  MODERNISMO

Primer período (1882 – 1896).  Es esta la época llamada “pre-modernista” y que actualmente es más bien denominada “primera generación modernista”.  La fecha inicial corresponde a la publicación del “Ismaelillo” de Martí.  Si se toma en cambio la publicación de “Azul” (1888) como fecha inicial del movimiento, la producción del primer período coincidirá con aquella fecha.  Los autores más importantes son:  José Martí, Gutiérrez Nájera, Julián del Casal y  José A. Silva.

De filiación romántica, los integrantes de esta generación intentan, bajo el influjo europeo, formas y  temas nuevos.

Segundo período (1896 – 1905).  Señala el momento plenario del modernismo.  Culminan poetas de fuerte individualidad.  La fecha inicial corresponde a la aparición de “Prosas Profanas”.  Junto a Darío, y como más próximos, tenemos que citar los nombres de Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissig.  Temas nuevos, formas nuevas, modificaciones en la versificación, ensueños en otro espacio y otro tiempo, hallazgos musicales, refinamiento de las sensaciones, etc.

Tercer período (1905 – 1914).  Superación del Modernismo.  La fecha inicial corresponde al año en que aparece “Cantos de Vida y Esperanza”.  Es el propio Darío, quien tiende hacia una poesía menos refinada pero más profunda.  La influencia de Darío precipitada sobre España puede verse en autores como Juan Ramón Jiménez, Francisco Villaespesa, Manuel Machado.  Para dar idea del cambio ocurrido nos bastaría citar  esta sonriente frase de Darío al hablar de los nuevos poetas de España en “Opiniones”:  “Ahora todos queremos ser sencillos…  Todos nos comemos nuestro cordero al asador, después que lo hemos tenido encintado en el “hameau” (aldea) de Versalles”. 

 

DEFINICIÓN, FUENTES Y PERÍODOS DEL MODERNISMO

La primera vez que usa Darío el término “modernismo” es en su artículo sobre Ricardo Palma (Guatemala, 1890).  Y dice allí que el viejo y tradicionalista escritor peruano “comprende y admira el espíritu nuevo que hoy anima a un pequeño pero triunfante y soberbio grupo de escritores y poetas de América Española: el modernismo”.  Este espíritu nuevo se expresaría por: 1ero) “elevación y demostración en la crítica”;  2do) “la libertad y el triunfo de lo bello sobre lo preceptivo, en la prosa”;  3ero) la novedad en la poesía: dar vida al antiguo verso que sufría anquilosis.  Entre otros, los poetas aplaudidos por Palma eran Díaz Mirón, Gutiérrez Nájera, Rafael Obligado y el salvadoreño Gavidia.

Nueva referencia al grupo y al espíritu que lo anima aparece en “La Nación” de Buenos Aires, en 1896.  A los poetas modernistas ya citados agrega Darío los nombres de Leopoldo Lugones, R. Jaimes Freyre y José A. Silva.  Explica que los poetas nuevos han tenido que pasar de la independencia mental de España a un Parnaso cuyo principal representante era Gutiérrez Nájera.  Y luego “a un arte cosmopolita y universal”.

En el mismo año 1896, aparecen sus “Palabras Liminares” – carta fundamental del Modernismo – encabezando “Prosas Profanas”.

En su libro de crítica “España Contemporánea”, el capítulo titulado “El modernismo”, Darío expresa: “En América hemos tenido ese movimiento antes que en España por razones clarísimas:  desde luego, por nuestro inmediato comercio material y espiritual con las diversas naciones del mundo, y principalmente porque existe en la nueva generación americana un inmenso deseo de progreso y un vivo entusiasmo, que constituye su potencialidad mayor, con lo cual poco a poco va triunfando de los obstáculos tradicionales, murallas de indiferencia y océanos de mediocracia”.

“Nuestro modernismo, si es que así puede llamarse, nos va dando un puesto aparte, independiente de la literatura castellana…”.

FUENTES

Las principales deben ser buscadas en Francia.  Aunque el movimiento americano supone hasta cierto punto una reacción contra el romanticismo, es la de un romántico – Víctor Hugo – la influencia quizá más honda y duradera que recibe Darío.

Hugo es poeta lírico, épico y dramático.  Cultiva, al mismo tiempo, la poesía íntima y social.  De las diferentes modalidades que adoptó en su extensa carrera literaria derivan dos corrientes esenciales para comprender a los modernistas:  el parnasianismo y el simbolismo.  Estas escuelas se nutren también en Charles Baudelaire.  Él, como Hugo, está situado en la encrucijada de todos los movimientos poéticos del siglo XIX. 

El parnasianismo debe su nombre de “El Parnaso contemporáneo” (1886), antología de jóvenes poetas franceses.  Un elemento común a los poetas parnasianos es el rechazo de la literatura confesional, es decir, la reacción contra el intimismo romántico.  El “yo” no interesa a estos escritores.  He aquí su intención primordial:  lograr versos perfectos en su forma, sacrificando la propia emoción en beneficio de una clama que juzgan necesaria en el arte.  A este postulado se debe que los parnasianos busquen sus temas en fuentes lejanas:  los mitos greco-latinos y los ambientes exóticos.  Se trata, en todos los casos, de poetas cultos y con gran conocimiento técnico.  Se les llamó despectivamente, “formalistas”, “estilistas” e “impasibles”.  Ejemplos de estos:  Leconte de Lisle y Teóflilo Gautier.

El simbolismo, fue un término usado por primera vez por Jean Moréas en 1886, puede explicarse si se piensa que estos poetas parten de sensaciones directas y luego sustituyen unas imágenes por otras.  Buscan, de ese modo, “sumergir el tema en un medio melódico y filosófico que lo penetre y lo prolongue sin absorberlo”

Esta corriente puede ser caracterizada por su mayor representante, Paul Verlaine, a quien Darío proclama varias veces su poeta predilecto.  En su “Arte poética”, Verlaine aconseja:  el verso debe ser ante todo música:  la rima debe atenuarse; “nada más que el matiz”.

René Lalou define a la corriente con estas palabras de Joubert:  “Los bellos versos son aquellos que se exhalan como sonidos o perfumes”.  Todo consiste, pues, en sugerir.  Juan Ramón Jiménez señalaba:  el parnasianismo es poesía cerrada;  el simbolismo, poesía abierta.

Es así que, Romanticismo, Parnasianismo y Simbolismo, aportaron elementos para la configuración del Modernismo.

El Romanticismo marcó su influencia a través de ciertos temas y motivos:  la soledad, la infancia idealizada como etapa feliz, la exaltación de los sentimientos, la angustia existencial, el sentimiento de singularidad y excepcionalidad del personaje romántico y del propio poeta, la libertad creadora y, por ende, la no sujeción a reglas estéticas.

 

EN SÍNTESIS

Tal como hemos expuesto el modernismo  dejó una profunda huella en diversas disciplinas artísticas, que puede situarse en la última década del siglo XIX y en la primera del XX.

Resumiendo, podríamos indicar que se conoce por modernismo a la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu y que se manifiesta en el arte, la ciencia, la religión y la política.

En ciertos aspectos su eco se percibe en movimientos y en corrientes posteriores.

Más arriba  se dijo que el  modernismo hispánico es una síntesis del Parnasianismo y del Simbolismo:  de los primeros toma la concepción de la poesía como bloque marmóreo, con el anhelo de perfección formal, los temas exóticos, y los valores sensoriales; de los segundos la concepción de que el arte debe sugerir, y la búsqueda de efectos rítmicos dentro de una variada musicalidad.

Las principales características del modernismo son:

Temas del modernismo:

La temática modernista revela, por una parte, un anhelo de recreación de armonía frente a un mundo inarmónico, y así un ansia de plenitud y perfección; y, por otra parte, una búsqueda de raíces en la crisis que produjo un sentimiento de desarraigo en el escritor, quien se presenta como guía capaz de mostrarle al hombre común los valores verdaderos. Los temas tratados son muy variados, pero estos son algunos de los más recurrentes:

Principales figuras del modernismo:

Se considera a José Martí como precursor de este movimiento,  aunque la principal figura del modernismo está representada por el poeta nicaragüense Rubén Darío, cuyo libro “Azul” publicado en 1888, es considerado el texto fundacional del movimiento.

Existen muchos ejemplos en los distintos países de América Latina, por citar algunos:  Leopoldo Lugones – argentino-, Amado Nervo – mexicano-,  Julio Herrera y Reissig  y Delmira Agustini – uruguayos –

La figura de Darío aparece en un momento clave de nuestras literaturas.  A mediados del siglo XIX el romanticismo estaba muerto.  Como reacción a sus desmesuras en la forma y a sus desenfrenos confesionales, en Francia se había afirmado el parnasianismo, empeñado en la mesura, la objetividad y la perfección formal;  y más hacia el fin del siglo, entre diversos grupos, escuelas y tendencias, había triunfado el simbolismo con su búsqueda de lo musical, con su intención de evocar, más bien que de definir, con su insistencia en las correspondencias y en las analogías.

El Modernismo, que inaugura una literatura, un lenguaje, una actitud diferentes.  Ha sido entendido y definido de diversas maneras.  Hay críticos que lo conciben como un movimiento renovador que surge a fines del XIX y que se prolonga, modificándose, a lo largo de todo el siglo XX.

El movimiento naci en América y luego pasó a España y conoció 3 períodos.  El primero se inició, según algunos, en 1882, con la publicación de Ismaelillo, de José Martí, y para otros, en 1888 con la publicación de Azul, de Rubén Darío.  El segundo período abarcó desde 1896 a 1905, coincidiendo con la plenitud del Modernismo.

Finalmente, el tercer período se inició en 1905 con la publicación de Cantos de vida y esperanza, también de Darío, y culminó, aproximadamente, en 1914, con la superación del movimiento ante el influjo de nuevas corrientes aportadas por Europa. 

Rubén Darío se refirió más de una vez al modernismo como “el movimiento de libertad que me tocó iniciar”.  Se refería a liberación del “clisé verbal” que encerraba, decía el “clisé mental”.  Había que decir cosas nuevas y había que decirlas de maneras nuevas.  Había que liberarse de una métrica, de una sintaxis de ritmos rígidos;  había que liberar una escritura que ahora debía adoptar la flexibilidad y los matices posibles en otras lengua;  que, cuando fuera necesario, debía ser capaz de adoptar galicismos, anglicismos, neologismos, arcaísmos de la lengua.  Y había que renovar también la sensibilidad para sentir lo refinado, lo exquisito, lo paradójico, las formas nuevas de la belleza, lo exótico.

Este movimiento se caracterizó, además, por dos actitudes antitéticas que asumieron los petas y que pueden ser definidas como “torremarfilismo” una, y “compromiso” la otra.  El torremarfilismo era, fundamentalmente, una actitud y un sentimiento:  actitud de evasión, de esteticisismo puro ante el sentimiento de la falta de comprensión de la sociedad.  Esto llevó a la práctica de una poesía hermética, que buscó el ideal de Belleza no contaminada, en estado más puro.  El artista se complacía en la búsqueda de objetos y ambientes exóticos.  El compromiso, en cambio, obedecía a la preocupación por América y el destino de sus pueblos.

En esta segunda tendencia se inscribió, tempranamente, José Martí, de quien se ha dicho que es un precursor del Modernismo, pero como señala Iván Schulman:  “Martí es un iniciador más que un precursor, una figura dominante, no un factor marginal”.  El Modernismo no es, en su etapa inicial, “un movimiento concertado”, al decir de Octavio Paz, sino una serie de individualidades que surgen en diferentes países para renovar las letras hispánicas:  José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, Salvador Díaz Mirón, José Asunción Silva, Rubén Darío.

En José Martí, vida y obra se amalgamaron a tal extremo que son prácticamente inseparables.  La preocupación por la situación política y social de su patria, el ideal de libertad y el compromiso con el Hombre inspiraron su obra poética y prosa.

Darío es el más completo de los modernistas, el que lo ensaya todo, el más rico en innovaciones y en logros, el que consigue más belleza, el que más influye.